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EL RASTREO DESDE EL AIRE EN ESPAÑA Y ALEMANIA
Introducción
El rastreo aéreo se empezó a utilizar en España en 1988 para localizar a
los jóvenes de Águila Imperial (Aquila adalberti) tras su
emancipación en Doñana. Dos de los autores del presente trabajo siguieron
utilizando el método para localizar Grullas Comunes (Grus grus)
invernantes en Extremadura tras el marcaje durante su parada migratoria en
Gallocanta, Zaragoza, y siguiendo los procedimientos descritos para el
rastreo desde el aire de grullas de las especies Grus americana y
G. canadensis (Brander y Cochran, 1971; Cochran, 1972, 1980; Drewien
y Bizeau,
1981; Gilmer et al., 1981; Melvin y Temple, 1982). Desde 1992 en adelante el
rastreo desde el aire se ha utilizado también para estudiar el
comportamiento dispersivo de las Avutardas
(Otis tarda) marcadas con radioemisores. En Alemania, el
rastreo desde el aire comenzó en junio de 2000 para localizar a las grullas
inmaduras a su regreso a las zonas natales tras la ruptura familiar, durante
su primer invierno, o al final de su migración prenupcial (véase también Dispersión
de aves jóvenes y subadultas en Alemania: ¿qué hacen estas aves durante su
período de inmadurez sexual?).
Para recuperar el contacto con los individuos que se mueven fuera del rango
de recepción desde tierra se requiere el trabajo conjunto de un equipo por
tierra y de otro desde el aire. La recuperación de dicho contacto es crucial
cuando se realizan observaciones continuas del comportamiento y se requiere
la toma de datos sobre la estructura social o las preferencias de hábitat.
En principio, nosotros utilizábamos aviones Dornier, dada la posición
elevada de sus planos y su baja velocidad mínima de vuelo, lo que permitía
la visualiza´ión de los individuos buscados. El poder ver a las aves desde
el aire puede ser muy útil en el caso de la Grullas, pero es prácticamente
imposible con la Avutarda, dada su tendencia a echar a volar en cuanto se da
cuenta de la aproximación del avión. El comportamiento de la Avutarda
requiere mayores altitudes de vuelo para impedir que las aves molestadas se
vuelen, lo que dificultaría su relocalización por el equipo de tierra.
Desde 1992 la mayoría de las aves se han localizado desde aviones Bonanza E-24,
mucho más rápidos que las Dornier y que permiten alcanzar fácilmente
altitudes de vuelo elevadas.
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Bonanza E-24
El avión utilizado actualmente para la localización de aves desde el
aire en España. Se puede observar la antena direccional, tipo Yagi de
tres elementos, en el extremo del plano izquierdo del avión. |

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Materiales y Métodos
Equipo de telemetría. El equipo utilizado para el rastreo aéreo es
el mismo que se usa en tierra, es decir, un receptor TELONICS (modelo TR-2,
provisto de un escáner modelo TS-1), alimentado bien con pilas, alcalinas o
recargables de NiCd, o con energía del propio sistema eléctrico del avión.
Los emisores utilizados con la Avutarda fueron distintos modelos de las
marcas TELONICS, BIOTRACK y TELEVILT.
El rastreo aéreo comenzó con las Grullas, siguiendo los
procedimientos previamente adoptados para la localización de aves de presa.
. Volábamos aviones Dornier E-9, de plano alto, equipados con antenas
direccionales de tipo Yagi de tres elementos adaptadas a los soportes del
plano, montadas de forma parecida a la descrita por Gilmer et al. (1981).
Ello nos permitía situar ambas antenas, apuntando ligeramente una hacia cada
lado (a unos 30º de la dirección de vuelo). Los elementos de la antena se
polarizaban siempre verticalmente. Y ésta es también la forma en que
rastreamos, ahora, las Grullas inmaduras, cuando regresan a Alemania desde
sus áreas de invernada, si bien el avión que utilizamos allí es un Cessna 172
Skyhawk.
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Los primeros vuelos de
grullas en España se realizaron también con una Cessna. Fueron el 29 y 30
de enero de 1989.
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La antena, apuntando
lateralmente en una Cessna, durante el primer vuelo de grullas realizado
en Alemania el 21 de junio de 2000.
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| Los aviones Dornier y Cessna,
de plano alto, son más adecuados cuando se requiere el contacto visual
con los individuos, dado que su velocidad mínima es mucho menor. En
nuestro caso, sin embargo, la rapidez y la precisión de la localización
eran mucho más importantes que el poder ver a las aves. Por ello
comenzamos a volar aviones Bonanza E-24, de plano bajo, mucho más
rápidos que los anteriores. Estos aviones permiten la localización de
aves con tanta precisión como los de plano alto o incluso mayor, cuando
se utiliza además un GPS para fijar las coordenadas de la posición de
las aves. En los aviones Bonanza se utilizan simultaneamente dos antenas,
una direccional Yagi de tres elementos y otra omnidireccional. La primera
se monta en el extremo del plano izquierdo (véase foto), dirigida en el
sentido del vuelo, y la otra se adapta a la cara inferior del mismo plano,
apuntando hacia el suelo. Utilizamos una caja de conexiones para
seleccionar la señal que deseamos recibir, de una u otra antena
solamente, o de ambas antenas simultaneamente. |
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Se observa la antena direccional Yagi de tres elementos en el extremo del
plano izquierdo de un avión Bonanza E-24
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Metodología General. Todos los vuelos son
visuales VFR, aunque la altitud de vuelo es siempre suficiente como para no
forzar a las aves a desplazarse a mucha distancia al ser sobrevoladas por el
avión. Cuando buscamos individuos perdidos recientemente iniciamos la
búsqueda sobre el punto del último contacto visual con el ave desde tierra.
Si no se recibe su señal ya durante la aproximación a ese punto, solemos
iniciar un vuelo circular de unos 2km de radio alrededor del punto, a una
altitud de unos 500-800m sobre el terreno, mientra escaneamos a través de la
antena direccional. En la mayoría de las ocasiones la señal se reciba ya
durante la aproximación a la coordenada del último contacto visual, desde
una distancia máxima de unos 20-30km, dependiendo de la altitud de vuelo. La
distancia de detección depende de la potencia del emisor y de la posición y
actividad del ave en ese momento. Las distancias máximas de recepción
comprobadas lo han sido con aves rastreadas durante la migración, con una
delantera de hasta 160 km -4 horas de vuelo- en una ruta conocida (Melvin, 1982).
Como suele suceder con las antenas direccionales, la calidad de la señal es
óptima cuando la antena apunta directamente al emisor, desapareciendo
prácticamente cuando apunta lateralmente en ángulo recto. Una vez fijada la
dirección correcta, volamos en dirección a la señal disminuyendo la
altitud de vuelo (unos 120m sobre el terreno) para aumentar la precisión de
la localización. Utilizamos entonces la antena direccional. Como los
elementos dela antena direccional se encuentran perpendicularmente el suelo,
cuando el avión pasa por encima del punto donde se encuentra el emisor la
intensidad de la señal cae bruscamente, indicando así la posición del
emisor. El punto exacto se fija, entonces, visualmente y, al mismo tiempo, se
cambia la señal a la antena omnidireccional. La calidad de recepción de la
señal en ese momento debe ser tan buena como lo era a través de la antena
direccional inmediatamente antes de sobrevolar la localización exacta del
emisor. Para asegurar la localización correcta se suele realizar un viraje
de 180º, para volver a sobrevolar el mismo punto y fijar sus coordenadas con
un GPS. Si la intensidad de la señal no cae bruscamente con claridad, es
preciso lograr una nueva localización mejor. Para ello se inicia un viraje
describiendo un arco de unos 3 ó 4km y localizando el punto exacto en una
dirección perpendicular a la anterior. Si esta segunda localización es
correcta se determinan sus coordenadas con el GPS y se anotan para el
posterior control por tierra.
Al rastrear individuos perdidos hace mucho tiempo, y en zonas amplias, la
altitud de vuelo es de 350-450m sobre el terreno, escaneando a través de
ambas antenas, direccional y omnidireccional. La banda del transecto, a esa
altitud, es de entre 10 y 15km a cada lado del avión, algo menor que la
anchura máxima de banda de 24km a cada lado mencionada cuando se utilizan
dos antenas apuntando lateralmente en aviones de plano alto (Melvin and Temple, 1987).
Esta altitud de vuelo es un buen compromiso entre la necesidad de maximizar
el rango de recepción y la de minimizar el tiempo requerido para descender,
localizar con precisión al individuo marcado y volver a subir, luego, a la
altitud necesaria para reanudar la búsqueda. Algunos autores mencionan que
la ganancia de la señal no mejora ya por encima de unos 300m sobre el
terreno en zonas abiertas (Gilmer et al., 1981), si bien el volar a altitudes
superiores puede mejorar la recepción en áreas montañosas y forestales.
Otros autores sí observaron un aumento en el rango de recepción por encima
de los 300m, que relacionaron con la baja posición de la antena emisora en
los emisores de pata (Melvin and Temple, 1987). Sin embargo, nosotros
asumimos que nuestra altitud de vuelo es suficiente para recibir cualquier
señal en ese rango de distancias, incluso en el caso de que las aves se
encuentren echadas en el suelo o en áreas ligeramente alomadas.
Resultados
Ventajas y desventajas del rastreo aéreo en relación con el terrestre.
El reastreo desde el aire su utiliza sólo cuando algún individuo no
puede ser ya localizado mediante el rastreo convencional desde tierra, dada
la gran importancia que tiene el contacto continuo con los individuos
marcados para nuestro estudio. La localización desde una altitud de vuelo
elevada impide, en el caso de la Grulla Común, la visualización del
individuo; para continuar las observaciones es precisa la localización
posterior del ave desde tierra. El rastreo desde el aire no es siempre
posible, debido a las condiciones meteorológicas adversas que, en nuestro
caso, fueron la causa del 75% de los retrasos de los vuelos.
El rango de recepción desde el suelo es entre 10 y 20 veces inferior que
desde el avión. Con frecuencia, en nuestros estudios, la movilidad del
equipo de tierra se vio limitada por la ausencia de pistas y caminos cuando
las aves se desplazaban a zonas desconocidas para los observadores. Los
equipos de tierra resultaron, por ello, relativamente ineficaces para el
rastreo de individuos en zonas amplias y desconocidas.
El rasreo de Grullas Comunes desde aviones proporciona la máxima
probabilidad de reencontrar a cualquier individuo marcado con un emisor, que
se haya perdido. Por otra parte, la localización desde el aire nos permite
estudiar la topografía general de las rutas seguidas por las Grullas en sus
desplazamientos. La distancia media entre las coordenadas obtenidas desde el
aire y la localización subsiguiente por tierra fue de sólo 576m.
Con bastante frecuencia tuvimos que disminuir la altitud de nuestros vuelos a
causa de fuertes inteferencias debidas a potentes de señales de radio, tales
como grandes poblaciones, aeropuertos, etc. La única manera de evitar tales
interferencias es cambiar la dirección de vuelo de manera que el avión se
sitúe entre la fuente de interferencias y el área en la que se quiere
buscar, es decir, con la fuente de interferencias detrás de la antena
direccional. Estas maniobras aumentan el tiempo de búsqueda y reducen la
anchura de la banda de transecto.
Causas de pérdida de la señal. En cuanto a las causas de pérdida de
las señales de radio, las más frecuentes son el tipo y la potencia del
emisor, así como la duración del mismo. Los emisores resultan mucho más
difíciles de localizar hacia el final de su vida útil. Esta dificultad
dismunuye cuando las aves se buscan desde el aire. El tipo de sujeción del
emisor al ave puede afectar también a la calidad de la señal, ya que cuanto
más cerca esté la antena del cuerpo del ave (emisores dorsales) o del suelo
(emisores de pata), peor se vuelve la recepción. La posición de la antena
también es muy importante en relación con la calidad de recepción, y
depende de la actividad del ave (volando, comiendo o alerta, echada en el
suelo, muerta boca arriba, muerta dentro de una zorrera, emisor caído al
suelo y enterrado, etc.). Los accidentes geográficos, tales como zonas
alomadas, valles estrechos, orillas de ríos o canales, pueden suponer
también dificultades en la localización, aunque este no solió ser el caso
con la Grulla Común.
Rutina en caso de no recibirse una señal. Cuando se pierde el
contacto por tierra con un individuo concreto, es preciso buscarle desde el
aire, comenzando en el último punto de localización. Si el campeo del ave
previo a la pérdida de la señal mostraba alguna direccionalidad, el rastreo
debe hacerse en la zona a la que se dirigía el individuo. Cuanto mayor es la
altitud de vuelo, mayor es la probabilidad de restablecer el contacto de
radio y mayor es la distancia de recuperación de la señal.
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Precauciones necesarias y
comprobaciones periódicas durante el vuelo de rastreo. |
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1. Todas las conexiones deben
ser correctas (receptor con la caja de conexiones, caja de conexiones con
las antenas, cascos con el receptor).
2. Las frecuencias escaneadas deben ser las correctas (mover dos dígitos
arriba y abajo ya que, debido a la calidad de los cristales del emisor,
éste podría en algunos casos llegar a variar su frecuencia ligeramente).
3. La antena seleccionada en la caja de conexiones debe ser la apropiada. |
Tras la localización de una
nueva frecuencia en el escáner, la potencia de la señal puede variar a
causa del movimiento del animal, causando a veces falsos picos o nulos en la
señal. Esto es especialmente evidente cuando las aves están todavía lejos
del avión. En esos casos se debe variar la dirección de vuelo; es decir la
calidad de la señal que recibe la antena, hasta poder fijar la dirección de
vuelo apropiada y se puede determinar la verdadera dirección de un pico de
la señal.
Agradecimientos
El rastero aéreo de aves en España no hubiera sido posible sin la
colanboración desinteresada del Ejército de Aire español y del personal de
la Base Aérea de Getafe. Deseamos expresar nuestro agradecimiento al 42
Grupo de las Fuerzas Armadas, a los numerosos pilotos voluntarios que han
pilotado los aviones durante todos estos años, y al personal de tierra que
se encarga del cuidado y mantenimiento del material de rastreo instalado en
los aviones.
Bibliografía
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